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No me malinterpretes querida lectora, sé que de tiempo en tiempo llegas a leer, en algunas entradas, mis paradójicas formas de pedirle que sea la compañera de toda mi vida, que se case conmigo o que sea mi esposa… no lo hago como si fuera algo común que se repita muchas veces; lo hago porque el “matrimonio”, como yo lo veo, es un compromiso de amor que me gusta aceptar a diario cuando estoy con ella, un compromiso que me recuerda lo asombroso y eterno del amor… además, quién no quisiera casarse con ella TODAS las veces que pueda, ¿has visto alguien más hermosa? Pues yo no; mientras viva… cada vez que sienta hacerlo se lo pediré, aun estando ya casados
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Aquella noche, habían 2 esposos muy empapados y enamorados… fue nuestra primera aventura y nuestro primer resfriado juntos =P pero también fue... nuestro primer matrimonio.
Ah! olvidé un pequeño detalle, ¿cómo llegué a pagarle al anciano chofer?
Hasta ahora no se lo he contado, lo que hice fue... contarle nuestra historia… al principio tuve miedo de que no me creyera todo lo sucedido, luego sonrió como recordando algo de su pasado o quizás a alguien.
Escribió algo en su anotador y me entregó la hoja con una dirección, una hora y un mensaje…
“Joven esposo… mañana acércate a la casa cuya dirección escribí, compra 2 de los mejores ramos de rosas que puedas encontrar, el precio es el mismo que el que tienes de deuda conmigo… luego, regresa a este mismo lugar y a esta misma hora, le llevarás un ramo a tu esposa y luego yo le llevaré el otro a la mía.
Felicidades...”

Felicidades...”