Llovía por doquier, pero eso no obstaculizaba nuestra ardua búsqueda… pasado unos minutos escuché un fuerte -“sí!”- proveniente de tus potentes pulmones. Gritaste fervientemente como si hubieras visto tu nombre en los resultados del examen de admisión al lado de un… INGRESANTE.
Bajo un árbol tu chispeada cartera negra yacía en el suelo como una paloma herida, como si esperara ser encontrada… en aquel momento eras igual una niña con su primera barbie y en su primera navidad… llorabas y sonreías al mismo tiempo. Te abracé sin decir nada. Era un momento tan perfecto que no necesitaba de más palabras, por lo menos por algunos segundos.
“Cásate conmigo” le dije, “aquí y ahora…” me miró a los ojos sorprendida, el agua de la lluvia caía por su cabello y yo viví los 3 segundos más eternos de toda mi vida… no sé si esa era
su idea romántica de cuándo y dónde llegaría a comprometerse para toda la vida, pero por alguna extraña razón, dentro de mí sabía que ese era el día indicado para hacerla mi esposa…
Sólo tenía que esperar su respuesta, sólo tenía que esperar su amor…