domingo, 7 de marzo de 2010

Obligado a amar...

Quizás no te haya pasado, pero cuando alguien hace algo por nosotros sentimos un tipo de “motivación” por devolverle el favor; por ejemplo en ‘San Valentín’ los ramos de rosas, chocolates y peluches era un “bonito detalle” pero al día siguiente y muchos días después ya no habían esos “detalles”… es que muchos se sintieron presionados por la fecha e hicieron muchas cosas para evitar “sentirse mal” de no hace nada y no porque nació de ellos hacerlas.

Quizá quede su cumpleaños, su aniversario o alguna otra fecha marcada con rojo en el calendario para volver por esa tienda y comprar otro romántico regalo; pero… ¿qué pasa por tu mente al ver acercarse esa fecha?, ¿te sientes obligado a regalar?, ¿segura que no?

Conocí a una linda pareja que siempre se sorprendían por sus particulares obsequios, eran hechos por ellos mismos y mostraban el cariño que sentían en cada detalle, siempre iban mejorando con el tiempo y hacían una “competencia amorosa” para hacer algo cada vez mejor… pasaron los días y cuando uno de ellos dejó de regalar por estar “muy ocupado”, su pareja también hizo lo mismo, poco a poco eran menos los detalles que tenían y con el tiempo sólo bastaba ir por alguna galería y escoger algo simpático para un “día especial”; al final terminaron su relación por sentirse “abandonados y descuidados” por la otra persona. Nota como esos términos son personales, YO ME SIENTO abandonado, TÚ ME descuidaste.

En el amor no existen obligaciones. Pero el miedo sí.

Si tenemos “miedo” de perder a alguien entonces la razón de cualquier cosa que hagamos es que “tenemos” que hacerla y esperamos que otras personas hagan algo porque “tienen” que hacerlo. Tenemos una ‘obligación’ y al igual que las ‘tareas’ para los niños, tarde o temprano intentamos escaparnos de nuestras obligaciones y nos resistimos a ella.

Por otra parte, no hay resistencia en el amor. Todo lo que hacemos es porque queremos hacerlo, porque nos encanta descubrir que podíamos escribir una carta y no mandarla a imprimir, porque no sabíamos qué grandiosos artistas éramos, dibujando a tu amado con rayitas y circulitos… al igual que de niños; es como un hermoso juego y siempre nos divertimos con él.

Porque cuando nace del corazón, se convierte en un hermoso placer...